Portonovo, concretamente la zona de Baltar, rugía y, a medida que se debilitaban los rayos del sol con la caída de la noche, los decibelios que expulsaban los motores de variada cilindrada y tamaño de motos se hacían cada vez más insoportables por su fuerza.
La postal de Baltar de este fin de semana no es la habitual del verano, con los bañistas ocupando la explanada de la piscina y los alrededores de la playa de bandera azul. Ayer, los reyes de la fiesta eran los moteros y sus aficionados. Baltar respiraba los gases de las motos. Y le gustaba. El penetrante olor a quemado de las ruedas que besaban el asfalto era constante, como también lo eran las explosiones de los tubos de escape.
Esta es la nota de prensa de la concentración motera de años anteriores. |